
Estas solitarias lineas,
no las domina ni mi conciencia, ni mi alma
Son eternas y pertenecen por ello,
desde siempre.... al viento
Sin retorno ni Dios,
que te compensen,
me espanto!...
Y a todo hombre. ¡A todo mortal.!
Escribiste en secreto,
mi Nuevo Evangelio
A un Dios de arcilla
que aprendí a moldear
Soñábamos juntos un delicado mundo,
de fino cristal.
Donde tú, magestuosamente,
me enseñabas simplemente: ¡a volar!
Y contemplar, libre, desde lo alto
los instantes mas tristes
que nos obligan, sin remedio
a regresar.
Heridas infantes,
sin culpa ni aviso.
Que se sumergen por siempre
en la historia sin edad.
Ahora, la noche. Sin ruidos,
silencio que aturde
Alucino, deliro;
¡me siento solo!
Y en tu música, me pierdo.
Esa misma,
que con desgarrantes acordes
luz y sombra supiste conjugar
Idioma tirano el tuyo:
¡La clase ha concluido!
Tan corta. Un suspiro
Ahora. Mi amiga
Y ahí estabas, radiante y serena.
En sabia entrega a tu ciencia.
A quién define su vida
como pensar en libertad.
Sus palabras suaves, cálidas,
- Pórtate bien, mi muchacho...
Yo, arrogante, impaciente,
- Si Ud me deja, yo....
¡¿Qué somos ante lo inevitable?!
Loco y aun joven, no me detuve;
a comprender que todo,
absolutamente todo
puede ser UN* Final.
Te extraño
* en la versión original escribí "EL FINAL"; pero por hechos que me sucedieron desde su viaje, puedo decir que ella me sigue acompañando. O quizás esa energía que "nos conforma" y trasciende.